La historia de la herradura de Bohr se cuenta enseguida: se trata del gran físico danés Niels Bohr (1886 a 1962), quien había comprado para el veraneo de su familia una casa al norte de Copenhague sobre cuya puerta de entrada lucía, imposible de ignorar, una herradura.
Tú, novia intacta aún de la quietud,
prohijada del silencio y de las lentas horas,
selvático rapsoda, que refieres un cuento
florido, con dulzura mayor que en nuestra rima:
¿qué leyenda, ceñida de verdor, en tu forma
tiembla? ¿Será de dioses o mortales, o de ambos,
en el Tempé o en valles de Arcadia? ¿Quiénes son
esos hombres o dioses? ¿Qué doncellas resisten
al loco perseguir? ¿Qué pugna es ésa, huyendo?
¿Qué flautas y tambores? ¿Qué extasis salvaje?
Creernos los únicos seres con inteligencia, como si hubiéramos caído de otro mundo, o el seso nos separara de la vida, en lugar de ser un vínculo privilegiado para reconocernos solidarios con nuestros prójimos vivientes, no es más que una prueba de ese orgullo necio y pecaminoso tan característico de los humanos (y particularmente de nuestra raza) y al que los griegos llamaron hybris: insolencia.
Sabe el hombre ir hasta la Luna en un rato, pero no sabe hacer un gato, así rimaba una vez Rainer Kunze en un libro infantil queriendo comparar dos esferas técnicas y científicas en que los humanos tenemos puestas las miras: la exploración e investigación planeada del cosmos y la inabarcable aparición y evolución de la vida.

No hace falta entender de toros para desear que tan hermosos animales subsistan, suponemos que también querrán eso los escrupulosos que claman por la abolición de la fiesta tauromáquica, so pretexto de la violencia que comporta o del daño que sufren los preciosos y míticos bichos.
A propósito de una charla con el amigo Joaquín Carrasco, sobre lo difícil que resultará hablar a la media cerébrica de la humanidad actual, acerca de la visión de que el planeta tierra es un animal esférico que se ha desarrollado en conjunto con los bípedos depredadores y el resto de especies; y además de la necesaria concepción cuántica relativista del universo, comprarto con ustedes una oda a Newton escrita por Halley
Dicen que cuando Orfeo descendió a los infiernos en busca de Euridice suspendió por un momento, con su música melancólica, las torturas de los condenados y el juicio de los muertos, y hasta consiguió ablandar, con los sones de su lira, el cruel corazón de Hades... De nada sirvió, como se sabe, pues por volver la cabeza hacia el rostro de su amada prematuramente, la perdió para siempre... Gluck recrea este momento mítico en la hermosísima aria: "Che faró senza Euridice?", que compuso para la ópera que estrenó en París en 1774 entre grandes polémicas estéticas...
A new report by a United Kingdom industry taskforce predicts steep oil price rises and gasoline supply shortages by 2014-2015, which will put the global economy at similar risk to the 2007-2008 rapid rise in oil prices that helped trigger the Great Recession.

El voluntarioso profesor José L. Suárez Rodríguez, empeñado en hacer filosofía con las cortesías de claridad y brevedad, y con el interés de la utilidad, ha publicado su Elogio de la simplicidad, que retrata como "la línea recta de cielo y mar en el horizonte claro"; una apología del agua cristalina, discurriendo monótona y lenta, del ciprés enhiesto en la pradera junto al lucero que centellea; encomio de la tranquilidad de la labor silenciosa, del campo y la vida monástica, el susurro de la abeja y el candor del alhelí... la rectitud, el recogimiento. Yo entiendo que se refiere a la sabiduría del erizo: tener pocas verdades, pocas convicciones, pocos libros, pocos amigos, pocas imágenes, conocer estas cosas profundamente, amarlas mucho; frente a la astucia de la raposa: lista para muchas cosas, atada a muchos aparatos y objetos, superficial y promiscua.
La variable de la personalidad humana más relacionada con una clara tendencia a dejarse influir por la publicidad es la propia estima. Es natural, lo más fácil para dominar a los demás es cogerles por "las partes más blandas". Por eso, todo el aparato publicitario va encaminado a fomentar el mito de la soberanía del consumidor.
Las espadas de luz
rasgan el velo de la noche.
Trazan signos de fuego sobre el abismo.
Hieren mi sombra dormida,
a través de espectral lencería.
En la ruta de los mundos perdidos
A la hora quinta, cuando el gallo anuncia el despuntar del nuevo día, luces de antorchas, surgiendo de entre las tinieblas, avanzaron hacia el centro de la planicie, desde diversos puntos.
Hoy han cogido a otro, aparece en todos los periódicos: \"Adolescente Arrestado por Escándalo de Delito Informático\", \"Hacker Arrestado por Irrumpir en un Sistema Bancario\". Malditos críos. Son todos iguales.

Durante la erupción del Monte Santa Elena en 1980, se pudo observar y filmar una erupción cataclísmica en la que un estratovolcán se desmoronó en cuestión de segundos y dejo una caldera hueca en su lugar. Las imágenes del antes y después son impresionantes. En los días previos, el monte se hinchaba a razón de 3 metros por día demostrando una elevada presión interna que permitió anticipar el evento.
Soy para muchos el Hacker de la Poesía
un poeta Cracker que hoy te desafía.
Así que, mientras busco algunas rimas
para tu PC seré una pesadilla.
En lo alto de una colina forrada toda ella de casitas iluminadas, a lo lejos paisaje nocturno acogedor, entre sus callejuelas realidad dura de una especie asediada por los ruidos, olores, sabores y formas de un modernismo hilarante. Yo iba montado en Rocinante, quien seguía el frenético correteo de MaQuiDark, que por poco y desaparece de mi vista entre el laberinto de cuestas empedradas que conducen al rinconcito cristalino llamado Ventanal, lugar indicado para el deleite de manjares y potajes sin par.
Caballos, formas errantes,
escapadas del reino de las sombras.

No tengo más patria que mi espíritu,
ni más cielo sino mi corazón.
Sollozando, bajo la profundidad celeste,
yo te busco entre las sombras.

Yo nací en el país del llanto
asediado por espectros de ceniza.

Acosado por los perros del fuego,
como un toro crepuscular,
sollozando, bajo el cielo de mustias adormideras,
yo busco el río de los espectros,
de las visiones ancestrales,
que fluye a través de las comarcas desiertas.
No hay alma.
Sólo hay un grito desesperado
que resuena en la soledad
de nuestra prisión celeste.
Oscuro dios de las profundidades,
helecho, hongo, jacinto,
entre rocas que nadie ha visto, allí, en el abismo,
donde al amanecer, contra la lumbre del sol,
baja la noche al fondo del mar y el pulpo le sorbe
con las ventosas de sus tentáculos tinta sombría.
En las paredes de esta cueva
pinto el venado
para adueñarme de su carne,
para ser él,
para que su fuerza y su ligereza sean mías
y me vuelva el primero
entre los cazadores de la tribu.

















